En la palabra de Dios se nos muestra el número 7 como uno de esos números que Dios usa para transmitir perfección divina y cumplimiento.
En el Génesis Dios creó el cosmos en 6 días y el día 7 descanso, ese último día Dios completó su creación y contempló su obra ya terminada. Los animales debían tener por lo menos 7 días de nacidos para poder ser usados como un sacrificio (Éxodo 22:30), el mandato que se le dio al leproso Naamán de bañarse en el rio Jordán para ser sano fue de hacerlo 7 veces (2 Reyes 5:10), y el mandamiento que se le dio a Josué de marchar alrededor de Jericó, y el soplido de las trompetas por parte de los sacerdotes fue de 7 veces ambos, así cayeron los muros de Jericó. Hay muchos otros relatos bíblicos y simbolismos en la palabra de Dios donde vemos lo significativo que es este numero en la providencia de Dios para cumplir sus planes eternos.
El domingo pasado celebramos el aniversario de la iglesia que pastoreo, han sido ya 7 años, los cuales Dios ha permitido a Iglesia Vida Vertical ser una luz en medio de las tinieblas de este mundo caído. Siete años no significa que somos una iglesia perfecta, o que se han cumplido todos los propósitos de Dios en las vidas de los miembros de IVV. Estamos muy lejos de ser una iglesia perfecta, y nos falta mucho para llegar a la meta de la carrera de la fe que Dios ha puesto frente a nosotros.
Al mismo tiempo me atrevo a decir que la perfección divina de Dios se ve manifestada en cada parte del proceso por el cual nos ha permitido pasar, y veo como todos y cada uno de sus propósitos se han cumplido a la perfección en este lapso de 7 años. Nada de lo que Dios ha permitido en IVV ha sido un accidente o ha sido en vano. Podemos decir que Él no ha desperdiciado nada en nosotros, ni siquiera nuestros pecados, todo lo ha usado para seguir trabajando en nuestros corazones y conformarnos a la imagen de Cristo, TODO, nuestros aciertos y nuestros errores han sido redimidos por Dios para cumplir sus propósitos eternos en nosotros y a través de nosotros, todo ha sido perfecto desde la perspectiva de aquel que usa TODO para bien, para aquellos que le aman (Romanos 8:28).
Sin duda no somos aún la iglesia que deberíamos ser, pero tampoco somos la iglesia que éramos cuando comenzamos a reunirnos; hemos aprendido mucho, un tanto ha sido en base a nuestra obediencia y fidelidad a la palabra de Dios, y otro tanto a pesar de nuestra desobediencia e infidelidad. Pero Dios no se ha cansado de nosotros como para desecharnos, Él ha permanecido fiel y ha estado ahí para usar cada acierto y cada fracaso, y así conformar nuestros corazones a la imagen de su hijo Jesucristo (Romanos 8:29a).
Después de 7 años pastoreando a IVV he llegado a esta conclusión: IVV es una iglesia que amarás o que odiarás, no hay zona neutral en medio de estas dos posibilidades, y aunque la idea de que IVV sea odiada no es mi preferencia, creo que me tranquiliza saber que la razón por la que muchas veces es odiada, es porque no solo somos una iglesia donde predicamos fielmente el evangelio y la sana doctrina, sino que por la gracia de Dios nos esforzamos por vivir ese evangelio que predicamos y esa sana doctrina que proclamamos, y creo que es ahí donde radica el problema, caemos de la gracia de aquellos que no tienen problema con que prediquemos la sana doctrina, pero que les incomoda la idea de que queramos vivir las implicaciones de haber creído el evangelio y de esforzarnos en obedecer la sana doctrina. Mientras todo lo que hagamos sea predicar el evangelio y la sana doctrina, muchos nos amaran, pero no hablemos de querer vivir piadosamente, porque entonces, nos tenemos que preparar para esquivar piedras.
Tengo que confesar que mi deseo es que IVV le agrade a todas las personas que se unen a nuestra iglesia, mi deseo es que IVV sea amada, porque al hacerlo las personas estarían demostrando que aman al Dios que nos ha sostenido ya por 7 años, pero mi deseo nunca debe estar por encima de mí convicción, mi convicción es que IVV sea una iglesia sana para la gloria de Dios y no para la gloria de los hombres, no solo porque predicamos el evangelio y la centralidad de la gloria de Cristo, sino porque ese evangelio que predicamos nos transforma e incomoda lo suficiente como para cambiarnos a la imagen de Cristo, nos transforma e incomoda lo suficiente como para que se trate de Cristo y su iglesia, y no de mí. Si no es esto lo que va a definirnos como una iglesia sana, entonces no podríamos llamarnos la iglesia de Cristo.
Siete años han pasado y no han sido nada fáciles, entre más crezco en mi entendimiento del evangelio y las implicaciones de haberlo creído, entre más crezco en mi deseo de no solo predicar el evangelio sino de vivirlo y exhortar a otros a hacer lo mismo, más me abruma la idea de todo lo que se nos viene como iglesia; al mismo tiempo mi confianza esta en el Dios que nos ha permitido caminar con Él por 7 años, el Dios que, anticipo, añadirá muchos múltiplos de siete a nuestra vida como iglesia, siempre y cuando sigamos siendo esa iglesia que a pesar de su imperfección pone sus ojos en Cristo, predica y vive el evangelio, está dispuesta a sufrir el agravio, a ser odiada y difamada, y muchas veces minimizada y menospreciada, pero que a los ojos de Dios es una iglesia perfecta, no porque no hay imperfección en nosotros, sino por que es Él el que nos está limpiando y perfeccionando, y usando para la gloria de su Santo Nombre y la exaltación de su Hijo Jesucristo.
Sin duda 7 años no significan que estamos completos como iglesia, o que hemos llegado a la meta, pero es bueno saber que han sido 7 años de ver la fidelidad de Dios en la vida de su Iglesia Vida Vertical. Oro para que sean muchos años más por venir, y que el gozo de caminar por gracia en obediencia a la palabra de Dios, opaque cualquier desprecio, odio, escarnio, o reclamo, que aquellos que no son de Cristo puedan tener contra su iglesia.
Al final creo que estoy tranquilo con la idea de que algunos nos odien, me preocuparía mas si nadie nos odiara, entonces tendría que comenzar a sospechar que hay algo que estamos haciendo muy mal, después de todo, si odiaron a nuestro Señor, nos odiaran también a nosotros (Juan 15:18-21).
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