Los_5_Tiempos_del_Discípulo (1)

A la mayoría de los seguidores de Jesús nos atrae la idea de pertenecer a una iglesia sana. Anhelamos una iglesia donde exista amor, fidelidad a la Palabra, comunidad, servicio, generosidad y un compromiso genuino con el evangelio. Sin embargo, pocas veces pensamos en esa aspiración en relación con nosotros mismos.

Queremos una iglesia sana, pero fácilmente olvidamos que la salud de una iglesia está profundamente relacionada con la salud espiritual de quienes la conformamos. Las iglesias sanas no son fenómenos extraordinarios que aparecen de la nada. Una iglesia sana comienza a formarse cuando quienes se congregan en ella comienzan a vivir como discípulos sanos que siguen a Jesús en los términos de Jesús.

“Jesús dijo a Sus discípulos: «Si alguien quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y que me siga»”.— Mateo 16:24

Por eso, el deseo de pertenecer a una iglesia sana no comienza con la iglesia que elijo para congregarme. Comienza conmigo: con la manera en que vivo como miembro del cuerpo de Cristo y con la forma en que contribuyo a la salud espiritual de la iglesia en la que Dios me ha plantado.

Un discípulo sano permanece en Cristo, se conecta con Su iglesia y comparte con otros lo que Dios le ha dado. Podemos resumir este estilo de vida en cinco T’s:

1. Permanecen

Tiempo con Dios: Palabra y oración

Una búsqueda diaria e intencional de Dios.

Mi iglesia sana comienza con mi discipulado personal. Comienza con mi búsqueda diaria de Dios a través de Su Palabra y de la oración.

No existen atajos para crecer espiritualmente. Las iglesias sanas están formadas por discípulos sanos, y los discípulos sanos necesitan cultivar una relación constante con Dios. Escudriñar y meditar en Su Palabra, y orar a la luz de sus verdades y principios, no son prácticas opcionales para el cristiano; son parte esencial de una vida que busca seguir a Jesús.

No puedo esperar una iglesia espiritualmente sana si no estoy dispuesto a comenzar conmigo mismo. Necesito la Palabra y la oración para crecer hacia la madurez y convertirme en un discípulo sano que contribuya a la salud de la iglesia.

Necesito tiempo con Dios para crecer hacia la madurez y ser un discípulo sano que aporta a la salud de una iglesia sana.

2. Conectan

Tiempo con la iglesia: congregarse

Un amor por la familia de Dios expresado en la adoración congregacional.

Dios no diseñó la vida cristiana para vivirse en aislamiento. La salvación nos introduce en una familia y nos convierte en miembros de un cuerpo. Por eso, no puedo ser un discípulo sano de Jesús si vivo mi fe desconectado de otros creyentes.

Necesito congregarme. Necesito reunirme con la iglesia para adorar, escuchar la Palabra, participar de la vida del cuerpo y recordar que no estoy caminando solo.

La reunión congregacional no es simplemente una actividad semanal que debemos cumplir. Es una expresión concreta de nuestro amor por Dios y por Su pueblo.

Necesito tiempo con la iglesia para crecer hacia la madurez y ser un discípulo sano que aporta a la salud de una iglesia sana.

Tiempo en grupos: comunidad y rendición de cuentas

Un amor por la familia de Dios expresado en relaciones cercanas y transformadoras.

Pero la conexión con la iglesia no termina en la reunión congregacional. También necesitamos relaciones más cercanas donde podamos ser conocidos, animados, corregidos, cuidados y desafiados a seguir fielmente a Jesús.

Por eso necesitamos espacios de comunidad, como nuestros grupos GAPs, donde podamos compartir la vida con otros creyentes, rendir cuentas, recibir ánimo y animar a otros a perseverar.

El discipulado crece hacia la madurez cuando dejamos de ser espectadores y comenzamos a caminar intencionalmente con otros. No existen discípulos sanos y maduros que permanezcan permanentemente desconectados del cuerpo de Cristo.

Necesito tiempo en comunidad para crecer hacia la madurez y ser un discípulo sano que aporta a la salud de una iglesia sana.

3. Comparten

Tiempo de dar: servir y ofrendar

Una buena mayordomía de los dones y recursos que Dios me ha confiado.

Una señal de que nuestro discipulado está creciendo saludablemente es que comenzamos a vivir para dar, no solamente para recibir.

Jesús espera que Sus discípulos den fruto. Y parte de ese fruto consiste en compartir lo que somos y lo que tenemos.

Dios nos ha dado dones para ponerlos al servicio de otros. Nos ha dado recursos para administrarlos con fidelidad y generosidad. Por eso, servir y ofrendar no son simplemente actividades de la iglesia; son expresiones de una vida transformada por el evangelio.

Todo lo que tenemos proviene de Dios. Somos administradores, no dueños absolutos. Y cuando entendemos que en Cristo hemos recibido todo lo que verdaderamente necesitamos, podemos comenzar a vivir con generosidad y a reflejar el corazón de Aquel que se entregó por nosotros.

Necesito tiempo para servir y dar para crecer hacia la madurez y ser un discípulo sano que aporta a la salud de una iglesia sana.

Tiempo de ir: misiones y evangelismo

Un deseo que se convierte en acción para compartir el evangelio.

Un discípulo sano no solamente recibe y crece; también va.

El evangelio que hemos recibido no es algo que debemos guardar para nosotros mismos. Las buenas noticias de Jesús deben ser compartidas con quienes todavía no las conocen.

Por eso necesitamos ser intencionales en ir y compartir el evangelio. Necesitamos desarrollar una conciencia constante de las personas que Dios ha puesto a nuestro alrededor y buscar oportunidades para hablarles de Cristo, servirles y mostrarles con nuestras palabras y nuestras acciones la esperanza que tenemos en Él.

La vida cristiana se trata de dar porque hemos recibido todo en Cristo. Ya no vivimos buscando que otros llenen nuestras necesidades, sino que, siguiendo el ejemplo de Jesús, podemos entregarnos por el bien de los demás sin esperar nada a cambio.

Necesito tiempo para ir y compartir el evangelio para crecer hacia la madurez y ser un discípulo sano que aporta a la salud de una iglesia sana.

Una iglesia sana comienza conmigo

La próxima vez que pienses en la idea de una iglesia sana, piensa primero en ti.

En lugar de preguntarte solamente: “¿Es esta una iglesia sana?”, pregúntate también: “¿Estoy viviendo como un discípulo sano que contribuye a la salud de esta iglesia?”

Pregúntate:

  • ¿Estoy permaneciendo en Cristo por medio de la Palabra y la oración?
  • ¿Estoy conectándome con la iglesia en la adoración congregacional?
  • ¿Estoy desarrollando relaciones profundas de comunidad y rendición de cuentas?
  • ¿Estoy compartiendo mi tiempo, mis dones y mis recursos por medio del servicio y la generosidad?
  • ¿Estoy dispuesto a ir y compartir el evangelio con otros?

Una iglesia sana comienza cuando sus miembros deciden seguir a Jesús en los términos de Jesús.

Por eso, no esperes simplemente encontrar una iglesia sana. Sé un discípulo sano que contribuye a formar una iglesia sana.

En la medida en que permanecemos, conectamos y compartimos —viviendo estas cinco T’s—, crecemos hacia la madurez y nos convertimos en instrumentos que Dios puede usar para nutrir, fortalecer y multiplicar iglesias sanas.

La salud de la iglesia comienza con la salud de sus discípulos. Y el discipulado comienza conmigo.